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domingo, 7 de abril de 2019

Las Memorias de Vegeta (Entrada 126)



1 de Diciembre 791 
Pasaron unas semanas después de pequeña charla con la madre de Bulma; aunque no me gusta mucho admitirlo me dio bastante que pensar. Hasta ese día había dado por hecho que mi identidad como el príncipe de los saiyajin estaba bien definida, que mi orgullo y estirpe más que ninguna otra cosa era lo que me hacía ser yo. Mi vida en la tierra, mi familia y las pocas relaciones que había creado en este planeta no eran sino un extra, una capa más que se fue cimentando sobre quién era el verdadero Vegeta.
Ciertamente había cambiado mi personalidad al volverme más tranquilo, tal y como se lo confesé a Kakarotto durante nuestra batalla, disfrutaba mucho de mi vida en la tierra. Pero aun después de eso jamás había puesto en tela de duda mi herencia saiyajin. Tenía mucho en que pensar, así que decidí salir en busca de respuestas.
- ¿Por qué estas empacando Vegeta? – me pregunto Bulma al entrar en nuestra alcoba al ver que estaba sacando ropa del closet y poniéndola en una maleta.
- He decidido que tengo que hacer un viaje – le dije sin mirarle mientras continúe seleccionando ropa.
- ¿Está todo bien? – aun sin verla pude notar un tono de preocupación en su voz – hacia mucho que no salías de viaje.
- ... - La mire y la inquietud en sus ojos era innegable, así que me acerque y la rodee por la cintura con mi brazo izquierdo, y usando mi mano derecha tome su barbilla para besarla, un ligero temblor me hizo saber lo inesperado de mi acto pero de inmediato se relajó se abrazó a mí. Separe mi boca de la de ella y centre mi mirada en sus ojos entre cerrados –...todo está bien, volveré pronto – le dije antes de volver a besarla.
Cambie la posición de mis brazos para levantarla y la lleve a la cama mientras ella se sujetaba de mi cuello, sin dejar de besarnos nos fuimos acomodando sobre el colchón; con cada roce de nuestros labios mi corazón se aceleraba y sentía mi sangre correr hasta acumularse más debajo de mi cintura. Los suaves jadeos que Bulma soltaba entre beso y beso se apoderaban de mi mente, dándole voluntad propia a mis manos que habían empezado a recorrer su cuerpo; los contornos y curvas de su cuerpo me eran ya tan familiares que podía distinguirlos aun a través de su ropa, la fina tela de su vestido rojo solo estimulaba más mi tacto. Sin dejar masajear sus labios con los míos dirigí mi diestra a la pañoleta amarilla que llevaba en el cuello y tirando de ella el nudo se corrió dejando la piel expuesta, solo entonces me aparte de su boca para recorrer con mis dientes el musculo de su cuello. Bulma soltó un gemido incontenible al contacto y con sus manos sujeto la parte de atrás de mi cabeza estrujando mi cabello y acariciando mi espalda. Sabiendo que estaba cediendo a sus deseos recorrí con mi lengua su clavícula a la vez mis manos bajaron por su cintura rodeando sus caderas hasta que mis dedos se encontraron con la bastilla de su falda.
La mire y sonreí maliciosamente, Bulma me mira con una mezcla de expectación e incertidumbre en los ojos mientras descendí por su cuerpo dejando que mi barbilla rosara el espacio entre sus pechos su abdomen y pelvis; mi olfato ya percibía el aroma erótico y podía apreciar como su néctar permeaba a través de la tela - ¡Espera Vege-! – antes de pudiera pronunciar mi nombre mi boca tomo posesión de su monte de venus y un poco más mientras mi lengua presionaba con firmeza en intervalos, siguiendo el ritmo de sus jadeos. A momentos alzaba mi vista para ver su rostro sonrojado e intencionalmente succionaba con mi boca más fuerte solo para ver sus expresiones de placer.
- ¡Ya ah...! – musito entre gemidos - ¡ya no me pongas más ansiosa!
- ¡Ju, ju! – reí con placer y le removí las pantaletas que estaban ya más pesadas de lo normal y le di un lengüetazo más antes de retirar mi rostro de su entre pierna, haciendo que se estremeciera.
- ¡Mmmm! – se mordió el labio y me miro con complicidad - ¡malvado!
- A penas estoy empezando.
Me arrodille en la cama y me despoje de mi camiseta y comencé a desabróchame el cinturón cuando ella se incorporó para acercarse y lo hizo por mí, desabotono mis pantalones y bajo mi bragueta para después introducir mi mano y masajear mi virilidad por encima de mi ropa interior - ¡Uy... hola...! – saludo pícaramente, pero no iba dirigido a mí. Su mano froto mi carne y sus dedos recorrieron hábilmente mis formas sin titubear, su tacto hizo que se me erizara la piel. Tome su rostro entre mis manos y nos besamos nuevamente mientras estábamos de rodillas sobre la cama, dejando que nuestros deseos tomasen las riendas, en segundos ya estábamos desnudos y tendidos. Cuando nuestros cuerpos se entrelazaron en nuestras partes más íntimas el placer nos invadió ambos; en calor de ella era mío, mi rigor se entregaba gustoso a ella y nos mesclamos en una sinfonía de ritmo, sonido y sensaciones. La poseía a mi antojo y ella me dominaba a su gusto, nos rendíamos y esclavizábamos a la voluntad del otro presas de una libido que se había nutrido con años de tiempo juntos, no era solo mi lujuria y deseo lo que expresaba en cada arremetida, sino mi incondicional amor, el cual ella había fomentado desde el día que me vulnere lo suficiente para confesarle mis sentimientos. Llegamos al clímax en una húmeda explosión de placer que descargo una corriente eléctrica en nuestros cuerpos. Permanecimos abrazados unos minutos hasta que nos quedamos cómodos al borde de la somnolencia.
- ¿Vas a irte para entrenar? – pregunto con un susurro.
- No... solo necesito reflexionar sobre algunas cosas... no te preocupes – le bese la frente y la abrace con más firmeza.
Luego de un rato mas no metimos a la ducha juntos y nos restregamos mutuamente, cuando salimos Bulma me comento que quería hacer una fiesta próximamente, al parecer Gohan y Videl querían anunciarnos algo, aunque no había sorpresa alguna en eso, ya llevaban algunos meses saliendo, sin haber formalizado su relación. Le comente a Bulma que volvería en un par de meses, quizás antes.
Una hora más tarde y con mi maleta cargada en la cajuela cargada de mi Súper V1 estaba listo para partir.
- ¿No vas a irte volando papa? – pregunto mi hijo-
- No esta vez...
- Toma esto Vegeta, te prepare algunas capsulas que quizás te sirvan durante tu viaje – dijo mi suegro tendiéndome una caja metálica.
- Gracias, seguro me serán útiles.
- Toma esta tarjeta, con ella podrás recargar combustible en cualquier estación – mi esposa me entrego una tarjeta con el logo de la corporación capsula en ella.
- Así lo hare.
- Cuídate mucho Vegeta – me advirtió mi suegra con pequeñas lagrimillas colgando de sus ojos.
- ¡Papa! – Grito Trunks arrojándose a mí - ¡Vuelve pronto!
- ... - antes de que pudiera responderle mi familia entera me envolvió en un abrazo, no era la primera vez que me iba de viaje, pero había pasado mucho tiempo, años desde la última vez, y tomando en cuenta que no hacía mucho había muerto, la idea de separarnos tenia más peso que antes – Volveré pronto, lo prometo.
Subí a mi auto y partí en búsqueda de algo que aún no conocía, a mí mismo.
Creo que iré a comprar algo de comer antes de seguir escribiendo, no tengo ganas de cocinar, como Bulma y Bra andan de compras y Trunks salió por invitación de Goten para presentarle a una amiga, creo que pasare la tarde a solas.

domingo, 3 de marzo de 2019

Las Memorias de Vegeta (Entrada 124)


29 de Noviembre 791

Luego de ir Bulma y su madre, los niños y yo nos aseamos y cambiamos, como Goten ya tenía contemplado quedarse unos días para jugar con Trunks había traído consigo suficientes cambios de ropa; luego nos dirigimos a un restaurante de hamburguesas que estaba cerca de la corporación capsula el cual solíamos frecuentar de vez en cuando y aunque normalmente hubiese preferido ordenar para llevar y comer en casa, el local no estaba tan lleno ese día, además un poco de tiempo en familia no iba a matarme.

-          Y díganme muchachos ¿Cómo les fue? – pregunto la madre de Bulma a los niños.
-          Mal, mi papa no derroto en un santiamén – respondió Trunks.
-          Pues yo creo que aguantamos bastante antes de que tu papa atacara – dijo Goten.
-          No lo entiendes Goten, en un combate no se supone que ganes de un golpe, si no sería emocionante.
-          ¿De un golpe? Vegeta ¿no abras sido muy brusco con los niños? – pregunto recriminatoriamente mi mujer.
-          ¡Claro que no! Es mas ellos me hicieron más daño a mí – le respondí al tiempo que le mostraba el moretón en mi antebrazo.
-          ¡Santo cielo! ¿Estás bien Vegeta? – pregunto la madre de Bulma con genuina preocupación.
-          No es nada, estos niños son muy fuertes, pero aún les falta entrenar mucho para aguantar un combate conmigo o con Piccoro.
-          ¿Insinúas que podrían ganarle a Goku? – sugirió mi suegro.
-          Para nada, pero Kakarotto tiene la mentalidad de un niño, seguro con el pelearían por más tiempo, pero solo porque estaría juagando con ellos.

Tras devorar un docena de hamburguesas estaba más que satisfecho, normalmente me gusta terminar un buena comida con algo de sushi, le había tomado bastante gusto a ese platillo terrícola, pero también la hamburguesa se había convertido en un manjar sin precedentes; a lo largo de mis viajes del espacio probé un sin fin de comida, nunca nada muy elaborado ya que siempre estaba viajando de un planeta a otro y debo admitir que aunque la vida como príncipe en el planeta Vejita me permitía darme el lujo de comer lo mejor que mi planeta natal podía ofrecer, a mi corta edad prefería siempre comer carne. Sin embargo la tierra era un oasis de sabores interminables y gracias a la riqueza de mi esposa y su familia mi paladar podía regodearse en todos ellos; desde los complejos sabores de la comida oriental llena de mariscos y mezclas exóticas de hierbas y vegetales, hasta los robustos y picantes sabores de los continentes más alejados, con basta combinación de legumbres y salsas a base de chile y otras hortalizas que si bien no fueron de mi agrado la primera vez que las probé, poco a poco me fui acostumbrando a ellas.

Contuve un eructo lleno de plena satisfacción y mire a mi mujer, habían pasado tantos años desde que empecé a vivir en la tierra, y lo que se suponía que debía ser un refugio temporal mientras esperaba mi revancha con Kakarotto se había vuelto mi hogar, los extraños padres de Bulma se habían convertido en mis propios padres políticos, y que decir de mi hijo, poco a poco iba pasando de ser un niñito mimado a ser un muchachito bastante perspicaz e independiente y gracias al vistazo que pude ver de su versión futura sabía que al menos su fuerza no me decepcionaría. Tantas cosas habían cambiado con los años yo mismo había tenido una transformación por la que ningún otro saiyajin había pasado, y no, no hablo de ser un súper saiyajin; cuando Kakarotto llego a la tierra sufrió un accidente y se golpeó la cabeza, a consecuencia de ese golpe perdió la memoria y toda su herencia como saiyajin se perdió, podríamos decir que bondad es resultado de una discapacidad mental. Pero en mi caso fue un cambio que se dio en mi personalidad ya formada, cuando solo conocía la ambición, el odio y la sed de sangre, lo único que falto fue conocer la derrota a manos de Kakarotto para que la coraza que había construido alrededor de mi ser empezara a desmoronarse. Derrame mis lágrimas en ira y frustración, aprendí que confiar en otros no era malo, sino también a veces necesario, conocí el sentimiento que los humanos llaman amor y aprendí no solo a recibirlo, sino a expresarlo, literalmente sacrifique mi vida por ese amor y salí del inframundo por eso mismo… y aun así, durante todo eso la única constante había sido ella, Bulma nunca había dejado de ser era chica inteligente, perseverante y algo alocada que osaba darle ordenes al príncipe de los saiyajin. Cambiaba su aspecto con mucha frecuencia pero nunca había dejado de ser ella misma, y cada vez que sentía que estaba perdiendo el rumbo, podía voltear a mirarla para encontrar mi camino nuevamente, ella era, es el faro de mi vida y sé que soy quien soy el día de hoy gracias a haberla conocido.

Por debajo de la mesa tome su mano izquierda en mi derecha y entrelace los dedos con los suyos, Bulma me miro sorprendida por un momento y luego sonrió radiantemente con un poco de rubor en sus mejillas. No era la primera vez que nos tomábamos de la mano, pero usualmente lo hacíamos en la intimidad de nuestra alcoba. Ella apretó suavemente mi mano haciéndome saber que le era grato y yo le devolví la sonrisa. Cuando salimos del restaurante, la digestión ya estaba haciendo efecto en nosotros, principalmente en los niños, quienes empezaron a cabecear tan pronto como el auto de la corporación capsula se puso en marcha; yo hubiese preferido ir conduciendo mi Súper V1 pero no era tan espacioso como para 6 personas.

-          ¡Hay pero que ternura! – exclamo la madre de Bulma desde el asiento trasero teniendo a los niños abrazados a cada lado – lo pequeñines ya están bien dormidos.
-          ¡Ja ja! Quien diría que estos dos traviesos se verían tan inocentes mientras duermen ¿verdad papa? – Pregunto Bulma a su padre tras observar a los niños por el retrovisor.
-          Bueno después de todo es tu hijo, tú siempre fuiste un pequeño torbellino.
-          ¡Papa! – reclamo mi mujer a su padre sonrojándose.
-          Es cierto, desde muy niña siempre fue muy curiosa y nunca podía estarse quieta – agrego su madre.
-          ¡Ja ja ja ja! Vaya vaya y pensar que todo este tiempo me culpabas a mí por lo malcriado que era Trunks y resulta que lo heredo de ti – le dije a mi esposa.
-          Seguramente tú eras un angelito cuando eras niño ¿no? – pregunto Bulma.
-          Mi infancia no se pareció en lo absoluto a la tuya o la de Trunks, para empezar al terminar mi gestación yo ya conocía lo básico de mi mundo por medio de la inducción neural.
-          ¿Gestación? Tu mama te leía mientras estaba embarazada ¿o qué?
-          Los saiyajin no somos engendrados “a la antigua” al menos no lo éramos en las últimas generaciones de nuestro mundo, todos los saiyajin fuimos concebidos in vitro es nos incluye a Kakarotto y a mí.
-          … ¿Eso quiere decir que nunca sentiste el calor de tu madre? – pregunto la madre de Bulma con preocupación en su rostro.
-          A decir verdad… no la conocí realmente, la poca crianza que recibí fue por parte de mi padre.
-          Eso es tan triste… - Dijo Bulma con los ojos rebosando de lágrimas.
-          No es para tanto, esa era la usanza de los saiyajin.

El resto del camino a casa permanecimos en silencio, al parecer la revelación de mi falta de una madre fue incómoda para mi familia; por mi parte no le di importancia, además estaba Rabba, aquella mujer que residía en mi recuerdos; no podía asegurar si ella era mi madre o no, pero al menos tenía la certeza de que el tiempo que pase a su lado había sido real y no solo una invención de mi mente. Por la tarde decidí entrenar un poco en la cámara de gravedad mientras Trunks y Goten jugaban en el jardín. En medio de mi entrenamiento mi mente empezó a divagar, entreteniéndose en la idea de cómo hubiera sido mi vida de haber conocido a mi madre… por lo que sabía los saiyajin abandonaron la procreación natural siglos antes de mi nacimiento en favor de la ingeniería genética para crear guerreros excepcionales, pero antes de eso se reproducían de manera natural; según los más antiguos relatos del aibarc los saiyajin tenían comunidades tribales y lazos familiares fuertes que a menudo los confrontaban con otras tribus en busca de territorios y recursos, pero esto también era su mayor debilidad ya que durante generaciones se engendró descendencia entre consanguíneos, haciéndolos propensos a defectos genéticos, algunos llegando incluso a la malformación. Al unificarse las tribus se logró una genética más diversa y resistente. Y ahora Kakarotto y yo habíamos dado el siguiente paso al engendrar mestizos con mujeres terrícolas; por un momento sonreí con ironía al recordar las aspiraciones que mi padre para que yo fuera el legendario súper saiyajin, y aunque eventualmente logre alcanzar ese nivel, de cierta manera es mi hijo quien de la manera más natural nació con ese potencial.

Termine con mi entrenamiento aun sumido en mis pensamientos, por alguna razón los tiempos de paz que corrían se sentían muy distintos a los que había experimentado tras la batalla con Cell; en aquel entonces me sentía insatisfecho, incompleto al saberme inferior a mi rival y a su hijo, por lo que busque la manera de volverme fuerte a mi manera y deje que la vida en familia tomara mayor importancia para mí. Sin embargo termine por ceder a la tentación de poder volver a pelear sin limitaciones y fue así como me deje manipular por Babidi.

-          ¡Ah! Conque aquí estabas Vegeta – dijo la alegre voz de mi suegra sacándome de mis cavilaciones – me preguntaba si tenías unos minutos libres.
-          … - Seguramente quería que la acompañase de compras, normalmente me hubiera reusado, pero le había empezado a tomar gusto a pasar tiempo con ella casi tanto como con mi suegro – sí, ¿Qué necesita?
-          ¡Oh! Fantástico, me gustaría que me cuentes más sobre tu infancia.
-          ¿Mi infancia?... realmente no hay mucho que contar.
-          Pero estoy segura que lo hay, ven hablemos en la terraza, ¿te apetece un refrigerio?
-          Cualquier cosa esta bien.

Seguí a mi suegra a la cocina consiente de que la plática iba a tornarse incomoda, pero sabiendo que no habría manera de disuadirla del tema; mientras la madre de Bulma preparaba algunos sándwiches yo me di a la tarea de preparar limonada, la verdad es que jamás he sido hábil en la cocina, así que era lo más que podía hacer. Observe como con gran habilidad mi suegra cortaba y ordenaba los ingredientes y los emparedaba entre dos rebanadas de pan, mayonesa, jamón, queso, lechuga, algunos con un poco de aguacate, algo de mostaza en este, un chorrito de vinagre en este otro, unas rodajas de cebolla en aquel, incluso unos cuantos con crema dulce y fruta rebanada, todo mientras alegremente tarareaba una canción que no puede reconocer pero me parecía muy familiar.

Luego que todo estuvo listo nos dirigimos hacia la terraza, el sol estaba aún en lo alto, así que desplegue una sombrilla sobre la mesa donde nos sentamos. La madre de Bulma se sentó en frente mío mirándome con sus enigmáticos ojos azules y sonriendo.

-          Cuéntame Vegeta ¿Qué es lo primero que recuerdas de cuando eras niño?

Tanto escribir sobre comida ya me dio hambre, por fortuna con el tiempo aprendí a preparar los sándwiches como mi suegra, aunque nunca logro que me queden tan perfectos como a ella. Iré a prepararme un bocadillo antes de seguir escribiendo.

domingo, 15 de julio de 2018

Las Memorias de Vegeta (Entrada 121)


26 de Noviembre 791

Aun con las asperezas limadas habían sido limadas, las cosas continuaron siendo incomodas durante algún tiempo entre Bulma y yo; procuraba no transformarme en súper saiyajin fuera de la cámara de gravedad y por su parte ella simplemente respiraba profundo cuando veía venir alguna de mis rabietas por cualquier cosa. De manera lenta pero segura íbamos saliendo del bache en el que nos habíamos atorado.

Trunks y mis suegros parecían estar más tranquilos ahora que las cosas estaban volviendo a la normalidad, no nos molestamos en darles demasiados detalles, en especial a Trunks puesto que no tendría la madurez para entender lo que había ocurrido entre nosotros, además probablemente su abuela podría explicárselo mejor de lo que yo podría. Pero para su decepción, mi suegro y yo decidimos posponer la pelea con Gotenks para no perturbar la paz de mi mujer, un pequeño precio a pagar con tal de enmendar sus emociones; cuando Goten se enteró también se desanimó, pero para mi sorpresa lo tomo de mejor manera que Trunks, tanto que hizo que me preguntara a mí mismo si era debido a la ausencia de Kakarotto hasta ese punto en su vida que se había vuelto emocionalmente más estable, si lo comparaba con Gohan, el pequeño siempre pareció más sereno, y la rabia que tanto caracterizaba a su hermano mayor estaba completamente ausente en él. Una parte de mi tenía la idea de que la deficiente paternidad de esa sabandija de clase baja había sido el causante de tanta ira reprimida, y de hecho probablemente tenía algo de razón. Durante los meses que siguieron a la batalla con Boo, Gohan y esa chica llamada Videl empezaron a Pasar más y más tiempos juntos. Cierto día, ambos visitaron la corporación capsula buscando a Bulma.

-          No lo entiendo Gohan, si todo mundo ya sabe que tú eres el gran saiyaman, ¿Por qué quieres seguir usando ese disfraz? – pregunto mi esposa mientras yo bebía una taza de café, ella, Gohan Videl y yo estábamos sentados en la sala discutiendo la petición del joven.
-          No es por eso Bulma, aunque la gente que me vio en el torneo sabe quién soy, son solo unos pocos los que me conocen, los tipos malos desconocen la verdadera identidad del gran saiyaman No. 1.
-          ¿No. 1? ¿acaso tienes un secuaz?
-          ¡No! ¡no es mi secuaz! Es mi…. – Gohan miro a la joven a su lado sonrojándose… co, compañera.
-          ¡Oh ya veo! Ji ji ji – rio entretenidamente y con malicia mi esposa – debo suponer entonces que también quieres un traje para ti Videl o ¿no?
-          Bue, bueno es que, ¡es más práctico si no tengo que combatir el crimen con mi ropa de diario! Además el casco me ayudaría a protegerme un poco más… y.
-          No te preocupes, lo hare, después de todo las cosas son más divertidas en pareja ¿Verdad?

La pareja de tortolos se sonrojo aún más y bajo la mirada al suelo asintiendo levemente. Bulma les pidió que esperasen un momento mientras preparara los dos accesorios de transformación; Gohan, Videl y yo nos quedamos ahí sentados en silencio, pero entonces mi mente me recordó sobre algo que había sentido curiosidad tras la batalla con Majin Boo.

-          Por cierto Gohan… supe de buena fuente que incrementen taste mucho tus poderes – y por buena fuente me refería a los recuerdos que adquirí de Kakarotto cuando nos fusionamos - ¿es cierto eso?
-          ¿Eh? Si, el supremo Kaiou sama de hace varias generaciones me ayudo a liberar todo mi poder.
-          Y sin embargo no pudiste acabar con Majin Boo por tu propia cuenta – remarque, la expresión de Gohan se endureció levemente – según entiendo fue porque otra vez te confiaste.
-          ¡Oiga! – intervino Videl – estoy segura de que Gohan hizo todo lo que pudo para vencer a ese monstruo, pero ni usted ni el Sr. Goku pudieron vencerlos solos.
-          ¡No digas tonterías niña! – Note como Gohan se agito cuando reprendí a la muchacha, pero alce la mano con tranquilidad para detenerlo - … es cierto, yo no lo vencí, pero hice todo lo que podía, morí por ello; y tu padre podría haber acabado con el Majin Boo gordo de haber querido, pero prefirió dejarle la responsabilidad a Goten y Trunks, de la misma manera que te dejo a ti la responsabilidad de derrotar a Cell – Los ojos de la joven se abrieron de par en par con sorpresa – y lo mismo hiciste tú.
-          … - Gohan se quedó callado y trago saliva de manera muy audible, le había dado al clavo.
-          Así que te diste cuenta.
-          Si… después de que termino la batalla me sentí culpable como aquella vez después de lo de Cell, sin desearlo le había hecho a mi hermanito y a Trunks lo mismo que me hizo papa hace años atrás.
-          No cargues con toda la culpa, ni tampoco culpes a Kakarotto, al menos no del todo – le dije – eres un saiyajin, cuanto más peleamos más fuertes nos volvemos, pero también cuanto más aumenta nuestro poder, más descuidados somos, seguramente no tengo que recordarme las palizas que me dieron los androides y Cell por esa misma razón.
-          ¡Je je! Lo recuerdo – afirmo Gohan.
-          ¡Ay no te rías! – le espete – el punto es que es una lección que nos ha costado mucho aprender, pero tu padre no ha tenido que lidiar con las consecuencias de sus actos. Aprende lo bueno de él, no sus malos hábitos.
-          … Lo entiendo, gracias Vegeta.
-          Voy a entrenar un poco, ¿Por qué no me acompañas y me muestras de lo que eres capaz?
-          ¡No! Ja, ja aunque me haya vuelto más fuerte no creo que pueda seguirte el ritmo Vegeta.
-          ¡Ja! Como quieras, pero si cambias de opinión deberías venir para el pequeño encuentro que tendré con Gotenks.
-          Lo pensare.

Me dirigí a la cámara de gravedad para despejarme un poco ahora que ya me había sacado esa espina del costado, si bien Gohan no era mi hijo, como príncipe de los saiyajin sentía que debía darle un escarmiento de vez en cuando.

-          ¡Oiga espere! – llamo una voz femenina a mis espaldas, era Videl quien venía dando grandes zancadas detrás de mí - ¡Se lo que intenta hacer! ¡¿pero no cree que fue demasiado duro con Gohan?!
-          ¡No seas idiota! ¡ese chico ha pasado por cosas mucho más duras que un simple regaño! El cual ya hacía mucho que necesitaba.
-          ¡Aun que eso sea cierto su papa es quien debe hacerse cargo de el!
-          Su “papa” es la última persona en este mundo que ha tomado la responsabilidad cuidar de ese muchacho, en ese aspecto es aún más un saiyajin que yo aunque me repugne admitirlo, Kakarotto podrá ser el hombre más fuerte de este mundo y quizás del universo, pero también es el peor padre…
-          … - La joven apretó los dientes y puños reteniendo un reclamo entre sus dientes sabiendo que sin importar lo que dijera no cambiaría la realidad de las cosas.
-          Tú también lo has notado ¿verdad?
-          Si… El Sr. Goku… es egoísta.
-          … Eres una muchacha de carácter fuerte, seguro serás una buena esposa para él.
-          ¡Eh! ¡¿Cómo dijo?! – Videl se sonrojo como un tomate y su voz perdió toda la firmeza de su voz.
-          Lo dejo en tus manos.

Me di la vuelta y seguí mi camino dejando a la apenada chica con sus fantasías. No me equivocaba con el tiempo terminaría casándose con Gohan y dando a luz a otra niña saiyajin mestiza y por suerte hasta la fecha Gohan ha sido un mejor padre que Kakarotto.

Bueno, creo que es todo lo que escribiré por hoy, Bra, Pan y sus amigas van a hacer una pijamada y son sumamente ruidosas así que no creo que pueda concentrarme para seguir escribiendo.

domingo, 17 de junio de 2018

Las Memorias de Vegeta (Entrada 120)


25 de Noviembre 791

Tomo algunos minutos pero finalmente Bulma despertó. Con lentitud abrió los ojos y tardo un momento en recuperar por completo la conciencia, yo estaba sentado en una silla al lado de la cama pon los codos apoyados sobre mis rodillas y con mis dedos entrelazados, la miraba inquisitivante como si tratase de dicernir sus pensamientos. Al verme sus ojos se abrieron compretamente y dio un respingo hacia atrás, ahora que lo pienso mi pose seguramente se veía amenazante en aquella habitación sombria; eran casi las doce del medio dia, pero había cerrado las cortinas para mantener la habitación fresca, el calor siempre le ha molestado a mi mujer.

-          ¿Cómo te sientes? – pregunte tratando de suvisar mi voz.
-          … Estoy… bien ¿Qué fue lo que paso?
-          Te desmayaste, me tope contigo cuando Sali de la cámara de gravedad y…
-          ¡Mph!... – Bulma se llevo una mano a la boca y sus ojos se cristalizaron con lagrimas, bajo la mirada mientras agachava la cabeza, a pesar de la oscuridad del cuarto pude notar su rostro enrojeciéndose.
-          ¿Qué sucede? – me me acerque a ella sentándome a su lado en la cama con genuina precupacion, no era común la manera en la que estaba actuando, quice poner una mano en su hombro para reconfortarla pero en el momento que la toque se entremecio.
-          ¡Ah! – con sorprente rapidez se alejo de mi y abandono la cama poniéndose de pie, me miro con sus ojos aun mas llorosos y con una mano se sujeto el hombro donde yo la  había tocado… luego se dio la vuelta para evitar mirarme.
-          … - mis pensamentos se arremolinaban mientras mi pulso iba acelerándose, era incomodo, dolorosamente incomodo - ¿Qué es?...
-         
-          ¿Qué es lo que te hecho para que actúes asi conmigo?
-          … - miraba hacia al piso sin mostrar animo de voltear a verme – tu… tu no tienes la culpa.
-          ¿…?
-          Te vi… cuanto nos topamos, te vi transformado en super saiyajin y recordé lo sucedido en el torneo…
-          ¿Ehh? – lentamente mi mente empezó a darme la respuesta y no me agradaba.
-          Me asuste, al recordarte de esa manera, siendo cruel y asesinado sin escrupulos a esas personas… crei por un momento que aquel hombre estaba otra vez frente a mi.

Trague saliva con dificultad, el inspirar temor es algo a lo que estaba acostumbrado y disfrutaba en cierta manera, pero hasta entonces jamas hubiera creido que desearía no poder hacerlo. No tenia palabras, entendia por completo la situación de Bulma pero no podía responderle; mis ojos miraron en todas direcciones involuntariamente mientras mi mente analizaba sus palabras, mis recuerdo y mis sentimientos, pero nada salio de mi boca. De pronto Bulma se giro por completo dándome la espalda.

-          Nesecito estar a solas…

Dijo secamente antes de salir del cuarto y yo me q  uede ahí parado en el momento mas impotente de toda mi vida sin poder hacer algo al respecto. La habitación se quedo en completo silencio mientras el sonido de los pasos de Bulma se alejaban mas y mas de mi; me deje caer sobre la cama para sentarme, los resortes del colchón sedieron ante mi peso dejando que me hundiese un poco. Me restregué el rostro con las manos y me revolví el cabello mientras en mi mente el rostro temeroso de mi esposa se me hacia presente una y otra vez. ¿Cómo es que no me di cuenta antes? Las experiencias que ella había pasado habían sido tanto o mas traumáticas que las mias, el haber muerto a manos de Majin Boo, el saberme muerto y el verme abandonarla a ella y a Trunks sin explicación alguna, ¿Cómo no iba a detestarme después de eso?

No podía coordinar mis ideas, una sensación de culpa sin igual me embargaba y me hacia sentir un hueco en el estomago. No me sentía capaz de nada, no sabia que podría decirle a mi mujer, como explicárselo a mis suegros, como mirarles a la cara. Sali de casa por la ventana de la habitación tras ponerme una camisa yh pantalones limpios. No quería ver a nadie, no podía ver a nadie; vole sin rumpo por varias horas hasta que me di cuenta que me había alejado de la ciudad, no me sentía con ánimo de volver. Cerre los ojos por un momento y me concentre en lo que estaba buscando, sin problemas pude sentir la familiar presencia del ki que me guiaría a mi destino. Abri los ojos y acelere en dirección al templo de Kami sama.

Para cuando llegue el sol ya se estaba poniendo, los blancos adoquines de la plataforma celeste comenzaban a tomar un tono azulado conforme los rayos del sol desaparecion. Apenas di unos pasos hacia el resinto del templo cuando la grave y sonora voz de Piccoro rompió el silencio.

-          Me sorprendi al darme cuenta de que eras tu el que se aproximaba… ¿Qué estas haciendo aquí Vegeta?
-          … Necesito tu ayuda Piccoro… - le dije con no mucho animo.
-          … - Piccoro abrió los ojos completamente lleno de sorpresa, algo muy comprensible.

Le explique la situación a grandes rasgos, dándole algunos de los detalles de los sucedido en los últimos días; nos habíamos quedado al borde de la plataforma celestial, quería privacidad y no me sentía de humor como para someterme al escrutionio de “dios”.


domingo, 6 de mayo de 2018

Las Memorias de Vegeta (Entrada 119)


24 de Noviembre 791

Hasta ese día después de mi plática con la madre de Bulma jamás me había sentido tan vulnerable, emocionalmente hablando. Mis emociones habían estado en una montaña rusa que subía y bajaba vertiginosamente, pero no me hubiera esperado el vuelco que se le avecinaba a mi corazón.

Como aún faltaba un par de días antes de que el Dr. Briefs terminase los preparativos de
“la gran pelea” como le llamaban los niños, quienes por su parte se la pasaban haciendo
Planes e ideado estrategias, cada vez que nos encontrábamos me lanzaban miradas
desafiantes y llenas de decisión. Al verlos tan motivados pensé que sería una buena idea que empezar a entrenar un poco por mi cuenta. Fue cierta mañana después entrenar en la cámara de gravedad que mi vida se estremeció de una manera que no lo había hecho hasta entonces; como no veía razón para fortalecerme aún más me limite a aumentar la gravedad 40 veces la de la tierra solo para entrar en calor. Deje que mi cuerpo se acostumbrara al cambio de gravedad por un momento y comencé con mi calentamiento, cuando me sentí listo me transforme en súper saiyajin e intensifique un poco más mis movimientos; mis fibras musculares empezaban a despertar después de haber estado aletargadas por tanto tiempo y considerando el gran esfuerzo que realizo mi cuerpo en la batalla con Majin Boo. Tanto así que podía sentir el ardor de mis músculos incrementarse lentamente conforme me movía, el estiramiento de mis tendones era refrescantemente doloroso y hacia que el entumecimiento causado por mi tiempo de inactividad desapareciese.

Entrene con esta intensidad por unos minutos mientras que en mi mente imaginaba los posibles escenarios de la pelea; teniendo en cuenta que los niños tratarían de usar todo tipo de técnicas inventadas para tomar ventaja, las cuales si bien eran una ridiculez, podían llegar a ser ridículamente poderosas debido a la transformación en súper saiyajin fase 3. No estaba del todo seguro de cómo habían logrado esa transformación pero estaba claro que lo habían hecho imitando la forma de Kakarotto, y siendo Trunks parte de esa combinación sabía que la desbordante imaginación de mi hijo había sido fundamental en descubrir cómo lograrla, “condenado chiquillo, si entrenase así de fuerte siempre ya sería tan fuerte como Tru…” me decía a mí mismo mentalmente hasta que me di cuenta de la redundancia al compararlo con mi otro hijo del futuro. No pude evitar preguntarme como se encontraría en ese momento, supuestamente nuestras líneas temporales son alternas, así que aunque los cambios que causo a la nuestra dieron como resultado en presente en el que vivíamos, en su mundo no mucho había cambiado, a parte de el mismo claro esta… ¡ahg! Esas tonterías de los viajes en el tiempo son demasiado confusas. Redirigí mi mente a mi entrenamiento enfocándome en mi respiración, sabía que el combate tomaría treinta minutos debido a límite de tiempo de la fusión, pero también sabía que la estamina de esos niños superaba por mucho la mía debido a la inagotable energía de la infancia; esto normalmente no sería un problema en una pelea entre dos guerreros adultos experimentados como Kakarotto y yo, pero si de algo me di cuenta cuando  Trunks y Goten pelearon en el torneo de las artes marciales era de que no tenían sentido del ritmo en una pelea, si bien hubo ciertas pausas, ambos se movían sin parar todo el tiempo, para un adulto esto se volvería agotador y frustrante en poco tiempo, así que dedique la mayor parte de mi entrenamiento a desarrollar explosividad y resistencia que me permitiera seguirles el paso por más tiempo.

Debí entrenar por unas cuatro horas continuas a mi máxima intensidad, cuando termine mis pulmones ardían suplicando un descanso y mi  enrojecida piel transpiraba sin cesar tratando de regular mi temperatura, el latir de mi corazón era tan fuerte que podía sentirlo retumbar en mis cienes. Tras apagar la máquina de gravedad, salida de la cámara y tome una toalla que estaba en el perchero justo a la entrada de esta, me restregué con ella levemente para secarme el sudor y me dirigí a mi habitación para tomar una ducha. Al entrar al cuarto me topé con Bulma quien estaba ordenando algunas cosas en su lado del closet, al escuchar la puerta abrirse se giró hacia mí.

-          ¡Ah! eres tu Vege… - su oración se quedó a medias, sus ojos se abrieron formando una expresión de miedo y su rostro palideció en un instante, de repente su cuerpo se volvió lánguido y empezó a caer al suelo.
-          ¡BULMA! – grite lanzándome para sujetarla al verla desfallecer - ¡¿Qué tienes?! – la sujete en mis brazos y le di unas palmaditas en las mejilla tratando de reanimarla - ¡TRUNKS TRAE A TU ABUELO DE INMEDIATO! – grite a todo pulmón, en poco tiempo Trunks, y los padres de Bulma aparecieron en la puerta.
-          ¡Que le paso a mi mama!
-          ¡Santo cielo! – dijo madre de Bulma con preocupación.
-          Vegeta recuéstala en la cama – ordeno el padre de Bulma al tiempo que sacaba una capsula de uno de los bolsillos de su bata. Al activarla un pequeño maletín apareció, dentro se encontraba una gran variedad de instrumentos médicos deja que la revise.
-          ¿Mi mama está bien? - Pregunto Trunks visiblemente alterado.
-          … - el Dr. Briefs escuchaba la respiración de Bulma y su corazón con un estetoscopio mientras que una maquina en su muñeca revisaba su presión sanguínea – sus signos vitales parecen estar bien, parece que solo se desmayó.
-          ¿Solo se desmayó? – pregunte – pero si estaba bien cuando entre al cuarto y de repente…
-          Jum… - el padre Bulma me miro con detenimiento por un momento – Oye Vegeta, ¿Por qué estas transformado?
-          ¿Eh? – me di cuenta hasta entonces al voltear a mirarme en el espejo del peinador en nuestra habitación, aún seguía transformado después de entrenar.

Le explique al padre de Bulma que acababa de entrenar y deshice la transformación. Tras revisar su presión una vez más el Dr. Briefs nos aseguró que Bulma estaría bien, y solo teníamos que dejarla descansar, a regañadientes  Trunks salió de la habitación con sus abuelos y yo me quede ahí solo con ella. Acerque una silla a un lado de la cama y me senté a vigilarla; a los pocos minutos la expresión angustiada en su rostro desapareció tornándose tranquila. La mire con detenimiento mientras yacía inconsciente en la cama, su respiración suave hacia que su pecho subiera y bajara rítmicamente con lentitud, la habitación estaba tan silenciosa que los únicos sonidos que escuchaba era los de su aliento y el tic tac de un reloj sobre el buro a un costado de la cama. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que habíamos estado en tanta calma? A pesar de verla a diario durante tantos años, me costaba trabajo recordar cuando fue la última vez que estuve con ella de esa manera, callado, solo mirándola. Su imagen estaba grabada en mi mente, bastaba con cerrar los ojos para poder verla, pero era muy distinto el simplemente detenerme a obsérvala con toda mi atención; el tono de su cabello, la manera en que el flequillo le caía sobre la frente, esas marcas de expresión al lado de la boca que eran casi imperceptibles y los pequeños lunares que había por aquí y por allá en su piel, tan pequeños que de no fijarse uno jamás podría verlos. Me descubrí a mí mismo sonriendo mientras admiraba a mi esposa, y aunque en el pasado me hubiese reprendido por semejantes sentimentalismos, acalle las protestas de mi yo saiyajin diciéndole que esto, esto estaba bien, esa mujer que yacía en la cama era mi esposa, y era más que digna de arrancarme una sonrisa, era valiente, aventurada, ocurrente, inteligente, y era hermosa. De todas las personas en la tierra, no en el universo, dudo que hubiese otra que se hubiera puesto a darle ordenes tan altaneras al príncipe de los saiyajin como ella lo hizo desde que llegue a la tierra para quedarme, haciéndolo aun a sabiendas de que era mucho más débil que yo… y es por eso que yo la amaba.

Voy a desayunar antes de seguir escribiendo, hoy es un día con muy poco que hacer, así que probablemente saldré de paseo con Bulma en la tarde, pero creo que poder escribir un poco más el día de hoy.