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domingo, 1 de septiembre de 2019

Las Memorias de Vegeta (Entrada 130)

4 de Diciembre 791
Habiendo tomando rumbo por la carretera decidí no detenerme y conduje hasta ya entrada la noche, pero eso me permitió llegar a la capital central ese mismo día. Como ya el sueño me estaba pesando y peor aun, me dolía el trasero después de conducir por tanto tiempo decidí hospedarme en un hotel; en un principio pensé que cualquier motel bastaría, después de todo durante mi época de mercenario a las ordenes de Freezer, pase la noche en peores lugares. Lo malo es que después de tantos años de disfrutar de una buena cama y la agradable compañía de mi esposa, el recostarse en una cama de dudosa higiene mientras se escuchan gemidos provenientes de otra habitación se vuelve mucho menos que deseable.
Así fue como termine hospedándome en el “Royal Bird of the Mountain ” un hotel de cinco estrellas en el centro de la ciudad a poca distancia del palacio del rey, un lugar bastante lujoso, tanto que en un principio no querían alquilarme una habitación, pero una vez que vieron mi tarjeta de crédito la actitud de esas sabandijas de la recepción cambio para bien, nunca hay que subestimar la fama y prestigio de la Corporación Capsula. Ya una vez instalado en mi habitación decidí tomar un baño y pedir algo al servicio al cuarto, como no quería cenar pesado, tan solo ordene 5 sándwiches de jamón con queso y un par de malteadas de chocolate. Cuando el camarero llego con mis alimentos le di una generosa propina y me senté en la mesa aun lado de la ventana. Mi habitación estaba en el noveno piso, lo cual me daba una excelente vista nocturna de la ciudad. Las múltiples luces de las calles, edificios y casas se reflejaban en el vidrio y así mismo podía ver mi reflejo difuso causado por el juego de luces del interior del cuarto y la oscuridad de la noche en el exterior. Esta visión trajo a mi un recuerdo; mientras miraba mi imagen en la ventana pude recordar con claridad otro momento de mi vida en el cual también me encontraba viendo mi reflejo.
Con un estruendo y el impacto amortiguado por el interior de mi capsula, el largo viaje a la tierra había terminado. Tras casi un año de estar viendo mi rostro reflejado en la ventana de la capsula en los breves momentos en los que despertaba de la ivernacion por fin respiraría algo de aire fresco. Normalmente habría dormido todo el viaje, pero no quería estar completamente aletargado a nuestra llegado como efecto del sueño inducido, así que programe algunos lapsos para despertar a lo largo del trayecto y así mantener mi mente lucida; por supuesto, no le dije nada de esto a Nappa para ahorrarme su aburrida platica, era un lacayo bastante fiel pero su compañía era bastante insufrible cuando se aburría. Las luces de la consola de mando se reflejaban sobre el vidrio sobre poniéndose a mi imagen, hacia ya un par de horas que el sistema de inducción nos había provisto del idioma mas comúnmente hablado en el planeta explorando las comunicaciones radiales en la atmósfera y en un par de minutos terminaría con el diagnostico planetario. Sabíamos de antemano que la tierra era habitable, pero no teníamos idea de todas sus condiciones climatológicas y topológicas, era el procedimiento estándar de exploración, toda la información recopilada por los sensores de la capsula se descargaba de inmediato a nuestros rastreadores.
Mi rastreador emitió una alerta y mostró en la pantalla ocular el icono de “descarga completada” y la compuerta de la capsula se abrió con lentitud despresurizando el interior e inhundandolo con los aromas de afuera. Mi cuerpo estaba ligeramente entumecido, así que me tomaría un par de minutos aclimatarme, o al menos eso pensé, al apoyar mi mano en la compuerta para jalarme hacia afuera, tuve mi primer contacto con la gravedad terrestre, era mucho menor a la que estaba acostumbrado, haciendo que me sintiera muy ligero, por un momento me maree levemente, pero al ponerme de pie mis sentidos se orientaron de un nuevo. Habíamos aterrizado en medio de lo que parecía ser una ciudad bastante conglomerada y nuestra llegada causo mucho revuelo; decenas de personas se aproximaron a los cráteres dejados por nuestras capsulas. Nappa y yo nos elevamos con calma para salir de ahí y nos paramos frente a la multitud que no paraba de crecer.
- <Así que esta es la tierra> - le dije a Nappa en la lengua natal saiyajin mientras miraba a mi alrededor. Acostumbrábamos hablar en nuestro idioma entre nosotros, desde que era niño el siempre lo prefirió en lugar de siempre hablar alguna de las tantas lenguas habladas a lo largo de espacio conocido - <este planeta no esta nada mal>
- <Creo que debo saludar a estos seres escandalosos y curiosos> - menciono Nappa con cierta expectación en su voz.
- <Ju ju ju… no te excedas> - le advertí conociendo ya su mal habito por la destrucción desmedida.
Con un gesto de su mano un destello broto del suelo para luego convertirse en una ráfaga de energía explosiva que abarco un enorme radio a nuestro alrededor. Los gritos de terror de los terrícolas alcanzados por esta, fueron tragados por el estruendo del estallido mientras sus rostros se desvanecieron en el resplandor fatal. El suelo bajo nuestros pies se desmorono, dejándonos flotando un par de metros encima del cráter dejado por la técnica de Nappa.
- <¡Ja ja ja! Creo que se me paso un poco lo “cortés” pero fue sin querer> - dijo Nappa notando el resultado de su pequeño saludo.
- <Déjalo así Nappa, si maltratas este planeta, no podremos venderlo a buen precio> - ya desde que habíamos decidido venir a la tierra se me vino a idea de apoderarme del negocio de Freezer una vez que obtuviera la vida eterna con las esferas del dragón, y viendo el enorme potencial de este planeta, sabia que seria una sabia decisión.
- <¡Tienes razón! Ahora que recuerdo, también tenemos que buscar esas esferas que pueden cumplir cualquier deseo>.
- <Son “Las Esferas del Dragón”, primero buscaremos al sujeto que mato a Raditz y le preguntaremos sobre ellas>.
- <Así es> - asintió Nappa.
- <Pero si las esferas se encontraban por aquí, nuestro deseo de obtener la vida eterna nunca se cumplirá ¡Y la culpa de todo la tendrá tu estúpido saludo!>
- <Lo siento… olvide por completo lo de las esferas> - respondió cabizbajo mi compañero.
- <Eso ya esta hecho, y no podemos hacer nada; primero buscaremos al individuo que tenga el poder de pelea mas elevado, ese debe ser el sujeto que mato a Raditz>
Active mi rastreador y coloque el modo de búsqueda y Nappa hizo lo mismo, para nuestra sorpresa múltiples lecturas con un poder superior a mil aparecieron en distintos puntos de la tierra, aun así ninguno de ellos era un oponente adecuado para nosotros, así que decidimos ir tras el mas elevado. Fue Nappa quien ubico a los dos que tenían un poder “extraordinariamente alto” como el dijo. Indicándole que era hora de jugar, emprendimos el vuelo hacia esa dirección.
Voy a prepararme un café y algo caliente para desayunar, hoy amaneció haciendo bastante frió y como Bulma es muy friolenta aun no se levanta, quizás tenga que ir a “calentarla” un poco. 

domingo, 21 de julio de 2019

Las Memorias de Vegeta (Entrada 129)


3 de Diciembre 791 3:55pm

El filete caliente chisporroteaba aun despidiendo un magnifico aroma, pero decidi no comerlo de inmediato. En algún lugar lei que la carne sabe mejor si la dejas reposar unos minutos después de cocinarla, asi que empese por mi sopa de cebolla, venia acompañada de dos pocillos, uno con pimienta y otro con hiervas aromáticas; tome una pisca de cada uno y la espolvoree sobre el tazon, la pimienta molida y los trozos de hierva flotaron sobre la superficie, fucionando sus aromas con los del caldo amarillento.
Tome la cuchara y di el primer sorbo, al instante mi boca se inundo con el sabor del consomé y un ligero tono acido alerto los bordes de mi lengua… queso, luego al masticar los trozos de cebolla picada mi sentido del gusto noto el picor de esta aunado a las especias. El sabor era rico, complejo y la temperatura de la sopa era perfecta para degustarse. Ya anteriormente la había probado en algún restaurante en compañía de Bulma, aunque en principio me sentía reacio a comerla, no porque no tueviera buen aspecto, sino por falta de costumbre. Si bien la gastronomía saiyajin estaba bastante desarrollada, no era tan variada como la de la tierra, además cuando niño me provechaba de los privilegios que tenia al ser el príncipe para comer solo lo que me apetecia. Por esto nunca llegue a conocer todo lo que la cocina de mi gente podía ofrecer, pero aquí en la tierra y gracias a los aparentemente infinitos bolsillos de mi esposa podía darme el lujo de comer a mis anchas.
Termine con mi sopa rápidamente, pero no sin disfrutar de cada cucharada y luego devolví mi atención al filete. Pude sentir mi salivación aumentar con solo mirarlo, color, textura, olor, probablemente no era el corte mas fino que hubiese comido, pero estaba cocinado a la perfeccion. En el planeta Vejita no teníamos reses como en la tierra, pero existían estas enormes vestias peludas llamadas Gokh bastante agresivas y mal olientes, pero eran la mejor fuente de carne en el planeta. A menudo los productores de comida preparaban los cortes sacados de este animal tratando de sacarle el mejor provecho. Por lo que se los saiyajin de la antigüedad los cazaban como su principal fuente de alimento e incluso como un ritual de ingreso a la vida adulta, pero con los siglos aprendimos a domesticarlos, aunque nunca dejaron de ser bestias fieras y temperamentales, pero al menos eran fáciles de criar. O al menos eso es lo que llegue a saber sobre la carne que comia con diligencia pedia todos los dias. Con tenedor y cuchillo en mano, corte un troso del filete, el filo separo la carne con facilidad, causando que sus jugos se desparramanar por el plato y revelando un apetitoso tono rosado bajo su dorado exterior; tome el primer bocado y el sabor a res, pimienta, ajo y romero exploto en mi boca, llenándola de sensaciones agradables, no solo era el rico sabor salado, sino la textura de la carne entrando en contacto con mis dientes, mi lengua, mis mejillas y mi paladar era tan variado que se volvia un deleite masticarla. Cerre los ojos e inhale lento pero profundo, y exhale por la nariz, llevando el aroma concetrado de la carne a mis receptores nazales, sin poder evitarlo, sonreí con satisfacción.
- ¿Le gusto? – interrumpio mi deleite la voz de la joven mesera.
- ¡…! – abri los ojos al tiempo que trague de golpe el bocado y me tope con la sonrisa de la curiosa mesera, en sus manos sostenia una jarra con agua.
- ¡Perdon! No quice interrumpirlo, pero parecía disfrutar mucho de su comida.
- S, si… esta muy bien preparada.
- ¿Le sirvo mas agua?
- Si… - me quede pensativo por un momento y luego me atrevi a preguntar – ¿tienes vino tinto de casualidad?
- ¿Eh? No estoy segura pero puedo revisar si gusta.
- Por favor, esta carne merece que la acompañe con algo mas que agua.
- Muy bien, déjeme ver que puedo hacer
Ni tarda ni peresoza, la muchacha se apuro a buscar una botella de vino y en poco tiempo estuvo de vuelta, tan rápido que mi filete ni siquiera había empezado a enfriarse.
- Esta es la única que tenemos – anuncio poniendo sobre la mesa una botella que a pesar de haber sido limpiada monstraba unas insignificates motas de polvo.
- Esta bien, sírveme un copa porfavor.
- ¡Ehhh! No tenemos copas señor, lo lamento, simplemente no solemos servir vino.
- Ya veo, cualquier vaso esta bien.
La chica corrió a la barra y trajo un vaso corto, con rapidez abrió la botella y con poca pericia sirvió el vino; los años de comer con Bulma en restaurantes finos me habían enseñado que ha maneras apropiadas de servirlo. Le agradeci a la mesera y prove un sorbo, según Bulma la calidad de un vino variaba según su añejamiento, pero para ser honesto cuando se trata de alcohol todo me sabe igual, de hecho ni siquiera me gusta beber mucho, solo me agrada como marida con la carne ya que enriquece el sabor. La joven se quedo ahí parada un momento, con una mirada nerviosa y expectante en los ojos mientras daba el primer sorbo al vino.
- ¿Esta todo bien?
- Si – le respondi, a lo que la muchacha correspondio con una amplia sonrisa.
Luego de hacer una pequeña reverencia se retiro para volver a atender a los demás comensales. Continue comiendo y disfrutando de mi filete hasta el ultimo bocado y luego me prepare a degustar mi postre. Cuando era niño y vivía en el planeta Vejita nunca le preste mucha atención a las golosinas, asi que no se mucho sobre ese aspecto de la gastronomía de los saiyajin; a veces comia algo de fruta, especialmente jioren que era la fruta mas cultivada en el planeta debido a su fácil fermentación para producir licor. Pero debo admitir que aquí en la tierra me volvi un poco dulcero, especialmente por influencia de mi suegra y aunque a ella le gustaban postres mucho mas empalagosos yo desarrolle un gusto culposo por lo pays, de queso, de limón, moras, manzanas, prácticamente todos me gustan, pero en particular el de calabaza.
Tome el pequeño tenedor para postres y corte con su canto un trozo de mi rebanada. Al entrar en mi boca las multiples texturas y sabores del postre fueron decifradas por mis sentidos. La corteza de galleta molida con un toque de mantequilla, la suave pasta de calabaza coagulada, endulzada probablemete con azúcar de alta calidad, el sabor del edulcorante no era del todo como el azúcar blanco refinado, - azúcar mascabado – pensé.
Al terminar deje mi mesa y fui directo a la barra para pagar en lugar de pedir la cuenta a mi mesa.
- El pay de calabaza… es casero ¿verdad? – le pregunte a la mesera que también atendia la caja registradora.
- ¡Si! Espero que le gustara.
- Bastante, cóbrate 50% de propina.
- ¿Eh? Pero eso es… - replico sorprendida.
- Insisto.
- ¡Gracias!
Le di mi tarjeta y mientras cobraba, algo llamo mi atención en la repiza a sus espaladas, era una fotografía, en ella aparecían dos hombres de aspecto mayor y abundante bigote, uno con un voluminoso cabello peinado hacia atrás y el otro con corte tipo “hongo” y gafas de marco grueso, mi suegro el Dr. Briefs. Ambos estrchaban sus manos sonriendo para la fotografía y detrás de si había un gran letrero que decía “Nueva Aldea Chazke”.
- Los hombres de la fotografía… - comencé a decir
- ¡Ah! Son mi abuelo y el fundador de la corporación capsula, cuando aque monstruo llamado Cell ataco hace muchos años atrás mucha gente murió, pero cuando fue derrotado por ese chico llamado Gohan de repente todos revivieron.
- ¿Pero que no fue Mr. Satan quien derroto a Cell?
- Todos dicen eso, pero yo se que fue un chico llamado Gohan, lo reconoci en cuanto lo vi en televisión, el nos ayudo una vez ¿sabe? Unos sujetos trataron de estafar al pueblo y el los detuvo, pero luego de irse junto con su papa ya no supe de el hasta el torneo de Cell. Es curioso, también había mucha gente estrafalaria, incluso había una persona con cabello parecido al su…
La muchacha abrió los ojos ampliamente y quedo boquiabierta, recordé entonces que el par de reporteros que estaban presentes durante el torneo de Cell se me acercaron para hacerme algunas preguntas. Dandome cuenta que me había reconocido, le pedi que guardara silencio poniendo un dedo sobre mis labios.
- Solo te dire que estas en lo correcto, quien salvo a la tierra en aquella ocasión fue Gohan.
Me entrego de vuelta mi tarjeta y mi recibo y antes de que pudiera preguntarme alguna otra cosa me retire agradeciéndole por la comida.
Tiempo después me entere del porque mi suegro aparecia en la fotografía, al parecer luego de la derrota de Cell la destrucción causada a su paso dej muchas comunidades rurales en muy malas condiciones, la corporación capsula, por iniciativa del Dr. Briefs comenzó un programa de reconstrucción para estos asentamientos que se encontraban mas aislados y por lo tanto no recibían tanto apoyo del gobierno mundial. Sabia que mi suegro era altruista, pero sin duda el y su compañía eran lo que mantenía girando este mundo mas que el gobierno o las mismas esferas del dragon.
Voy a servirme un poco de pay de calabaza antes de continuar, y quizás… un café.

domingo, 9 de junio de 2019

Las Memorias de Vegeta (Entrada 128)

3 de Diciembre 791
No me quede mucho tiempo en la ciudad de Parsley; tan solo pase la noche en un hotel de paso en lo que decidia que haría a continuación, quería alejarme de todo lo que me era familiar, si me dirigía al suroeste como iba hasta ese momento eventualmente llegaría a la costa y esta me guiaría hacia la montaña paoz donde vivía Kakarotto y su familia. Por lo tanto cambiaria mi rumbo hacia el norte en dirección a la capital central, si bien podría llegar en poco tiempo volando, preferia mantener un perfil bajo, ya que aun volando a una velocidad moderada mi energía seria percibida por Piccoro, Ten Shin Han o Kakarotto, y si bien dudaba que me siguieran, me gusta mantener mis asuntos en privado, además ese inútil de Kakarotto podía teletransportase a cualquier lugar en un instante con solo ubicar mi ki, era mejor no motivar su curiosidad.
A la mañana siguiente sali de la ciudad y tome la autopista que conectaba con la capital. Dada la facilidad de usar un avión y poder guardarlo en una capsula, gran parte del trafico por tierra era el transporte de mercancías, la mayoría de la gente que conducia autos preferia quedarse en sus ciudades o pueblos, recurriendo a medios de transporte aeros siempre que pudiesen costeárselos. Recuerdo que mi suegro me conto que si bien el uso de las capsulas HoiPoi ya se había popularisado para la epoca en la que Bulma era una niña, estas eran bastante costosas, por lo que mucha de la gente que poseía alguna, era adinerada o solo tenia una o dos. Sin embargo con el paso de los años y como siempre sucede, la tecnología avanzo lo suficiente como para permitir capsulas de un precio mas accesible, y su producción en masa hizo que se volvieran de uso común.
El camino a la capital central era prácticamente una larga autopista con algunas paradas esparcidas por el camino, en las cuales algunos asentamientos se habían desarrollado, no eran mas que diminutos pueblos, si se les comparaba con la capital del oeste o ciudad Satan; por esto y porque había llenado el tanque de combustible antes de partir no tuve necesidad de hacer escalas en los primeros tres pueblitos que habían en mi recorrido, pero si pase un poco mas lento por ellos. El primero se llamaba villa Basil y lo mas característico del lugar era su arquitectura, que a diferencia de otras ciudades donde había estado, las construcciones no eran modelos prefabricados de la corporación capsula, sino que parecían construidas desde cero con métodos de albañilería tradicional. Aunado a esto el siseño de las casas era prácticamente el mismo, teniendo una que otra variación en su acomodo o tamaño, pero todas tenían los mismos tejados de tejas apiladas de color verde oscuro. Ver esta disparidad entre la ciudad donde vivía y esta pequeña villa me reafirmo la idea de que viajar por otros medios que no fueran volar seria la mejor opción, en definitiva me faltaba mucho por conocer de este mundo a pesar de haber habitado en el por tantos años y haberle dado literalmente varias vueltas al planeta. Aunque por otro lado, también yo había experimentado cosas que un simples terrícolas jamas llegarían a experiementar jamas; había recorrido el cosmos y conquistado una larga lista de planetas, había estado en otros mundos inaccesibles para los mortales y había descubierto la patética verdad de la divinidad que mueve el universo. Si solo de fuerza se tratase, definitivamente un saiyajin seria un mejor candidato a dios que aquellos bufones que se hacían llamar “supremos Kaiou sama” y que decir sobre el intelecto, eso haría que de los saiyajin mas poderosos actualmente yo quedase muy por delante de Kakarotto. “Vegeta, el dios saiyajin”… un tanto pomposo para mi gusto pero en definitiva no sonaba mal.
El segundo lugar en mi ruta era un pequeño asentamiento al pie de una montaña, a juzgar por los letreros de advertencia y la maquinaria pesada aparcada por aquí y por allá, se trataba de un pueblo minero. Alcance a ver a varios trabajadores de aspecto “rudo” deambulando de un lugar para otro, algunos a pie y otros en grupo montados en la parte trasera de una camioneta, otros tantos en una pequeña fondita improvisada en el garaje de una casa comiendo en lo que me imagine era su hora de descanso. Al verlos recordé mí tiempo trabajando en la constructora y en el aserradero; aquellas experiencias no habían sido del todo agradables en su momento, pero ahora me parecían un recuerdo bastante grato, tanto que hasta mí me sorprendió verme sonriendo en el espejo retrovisor mientras pensaba en ello.
Volví a centrar mí vista en el camino para dejar de pensar en aquellas tonterías, sintiéndome aliviado de haber estado solo en ese momento. El tercer pueblo por el que pase era un poco más grande que Villa Basil pero tan pintoresco como este, se trataba de una aldea de casitas prefabricadas de la corporación capsula que estaban desperdigadas sobre una larga colina, el nombre de este lugar era Aldea Chazke. A diferencia de los poblados anteriores este parecía ser más nuevo, como si los edificios hubiesen sido colocados no hace mucho; viendo que se acercaba el medio día decidí detenerme para comer. Los caminos pavimentados tenían una apariencia bastante nueva así como la salida de la autopista que conectaba con la villa, por lo que imagine que no siempre estuvo vinculada a la circulación. Conduje por la calle principal que dividía la villa en dos, esta estaba plagada de tiendas y locales comerciales, probablemente era la fuente principal de empleo e ingresos de ese lugar. Me detuve al frente de una tienda de alimentos que tenía un letrero adjunto que decía “Comedor” desde el momento que baje del auto mi nariz detecto el agradable aroma de la comida recién preparada; con los años fui tomando experiencia en seleccionar lugares donde comer, básicamente si mi olfato se sentía atraído por el olor de la comida, era muy seguro que me fuera a gustar lo que cocinaban ahí. Al abrir la puerta de vidrio, una campanilla anuncio mi llegada.
- ¡Bienvenido! – me saludo una jovencita de cabello castaño y ojos verdes girándose para verme mientras acomodaba platos en una repisa – ¿viene de compras o para comer?
- Para comer.
- Pase por aquí – me indico con una mano mientras salía de detrás de la barra del mostrador para guiarme a una mesa. Había solo otro par de comensales así que el lugar estaba relativamente tranquilo.
- … - tome asiento, observe con detenimiento a la muchacha, tenía un bonito rostro, su complexión era más robusta que la de la mayoría de las jovencitas en la capital del oeste, probablemente estaba acostumbrada al trabajo manual, quizás era un poco más joven que Gohan.
- ¿Le sirvo algo de beber mientras decide que ordenar? – pregunto entregándome un sencillo menú.
- Si, gracias, agua está bien… este pueblo… no fue construido hace mucho ¿verdad? – pregunte dejando que mi curiosidad divagara.
- Podría decirse – dijo con una sonrisa – en realidad mudamos toda la aldea hace unos siete años, antes estábamos cerca de las montañas del sur.
- Debió ser una tare bastante ardua… quiero un filete… puré de papas… sopa de cebolla y pay de calabaza.
- No tanto como su orden señor, ja ja – respondió con un leve tono de sarcasmo - ¿seguro que podrá terminarse todo eso?
- Descuida, tengo un gran apetito.
- ¡Lime! ¡Ya está la orden de la mesa tres! – aviso un joven asomándose desde lo que parecía ser la cocina.
- ¡Voy enseguida! En un momento le traigo su orden.
- Gracias.
La joven volvió detrás del mostrador y luego de pasar mi orden a la cocina continuo acomodando platos. Mientras esperaba mire por la ventana y vi a un grupo de niños jugando a la pelota en medio de la calle; la escena me era familiar de cierto modo, ya que Trunks y Goten a veces jugaban a lo mismo, aunque más a menudo siempre andaban por ahí explorando, haciendo travesuras y metiéndose en problemas. Al reflexionarlo, parte del motivo porque el que nunca me involucre mucho con Trunks cuando era más pequeño, era porque simplemente no tenía idea de que hacer; para nosotros los saiyajin la infancia temprana era casi inexistente, para cuando salíamos de nuestras capsulas de gestación, ya teníamos inducido el conocimiento necesario para empezar con nuestro papel en la sociedad, teníamos un propósito bien definido. En sí, los guerreros de la clase más baja contaban con cierta libertad en ese aspecto, puesto que al no ser aptos para el combate, debían encontrar otro oficio que fuera útil para nuestra raza, médicos, científicos, constructores, cocineros. No éramos “barbaros” como a menudo le gusta a Bulma llamarnos cuando estamos discutiendo; a diferencia de los terrícolas, no conocíamos eso que ellos llaman procrastinar, teníamos tiempo de ocio sin duda, pero siempre nos ocupábamos en algo que nos fuese productivo.
Al menos, eso es lo que tengo grabado en mi memoria, la poderosa raza guerrera de los saiyajin… pero en eso mi suegra tenía razón, mi noción sobre lo que significaba ser un saiyajin se basaba únicamente en lo que se me había enseñado, realmente nunca llegue a ser más que un mercenario a las órdenes de Freezer. Por eso es que me encontraba en este viaje ahora, ya había dejado al soldado detrás de mí, y mi obsesión por superar a Kakarotto había menguado desde aquella última pelea… en ese momento me di cuenta de algo, mi deseo por superarlo era solo porque había demostrado estar por encima de mí en cuestión de poder, pero si lo veía con detenimiento, Kakarotto nunca me venció, incluso en nuestro primer encuentro, él estaba completamente a mi merced, de no haber sido rescatado por Gohan, Krillin y la bola de grasa cuyo nombre no recuerdo, hubiera terminado con Kakarotto en ese momento.
- Aquí está su orden – mi tren de pensamiento se descarrilo por la interrupción de aquella joven y el olor de la comida.
Continuare escribiendo más tarde, el día de hoy amaneció algo frio así que voy a prepararme una taza de chocolate caliente.

sábado, 27 de abril de 2019

Las Memorias de Vegeta (Entrada 127)

2 de Diciembre 791
En cuarenta minutos ya estaba a la salida de la capital del oeste; y me dirigí a la ciudad Parsley, la segunda ciudad de mayor tamaño ubicada al sureste de la capital. Conduje por la carretera al menos por una hora antes de notar el cambio en la vegetación, al ser una ciudad más al sur la vegetación cambio de coníferas a algunas plantas desérticas y posteriormente a arecales, dando al camino un aspecto más tropical. La ciudad de Parsley se ubicaba a cuarenta kilómetros de la costa marítima, por lo que la influencia del mar sobre el clima ya se había hecho notar; para cuando arribe a la ciudad mi camiseta estaba empapada en sudor y el aire en la cabina del Súper V1 estaba viciado. Baje la ventana de mi lado y una fresca briza lleno el interior, trayendo consigo un ligero aroma salado.
Al lado derecho del camino vi una estacion de gasolina y detrás un paradero para camiones, como ya pasaba del medio día decidí detenerme para cargar combustible y comer algo. Rápidamente el encargado lleno el tanque y limpio el parabrisas que ya tenía incrustados algunos insectos, luego me estacione frente al comedor y me dirigí a la puerta. Ya una vez dentro el aroma de comida lleno mi olfato; no era particularmente bueno pero el hambre hizo que me fuese bastante grato. Me senté en un banco junto a la barra, en mi experiencia era la manera más rápida de ser atendido.
- ¡Bien venido! – saludo una mesera ataviada con uniforme rosa y cabello rubio rizado - ¿Qué le sirvo?
- Cuatro hamburguesas… - mencione rápidamente ya que sobre ella había letreros con los platillos, la imagen de una jugosa hamburguesa había llamado mi atención desde que me senté – con tocino y… papas a la francesa.
- ¿Espera a alguien más?
- No.
- … - la mesera me miro sorprendida por un momento y luego siguió tomando mi orden – y ¿de tomar?
- Refresco de cola.
- Enseguida.
La mesera entrego la nota con mi orden al cocinero a través de la ventana de servicio que daba a la cocina y este de inmediato se puso a trabajar en ella. Mientras esperaba, el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose anuncio la llegada de un nuevo comensal; unos pasos pesados y una forzada respiración se acercaron hacia la barra y luego un par de enormes manazas se apoyaron en ella. Mire de reojo al dueño de aquellas manos, era un hombre robusto y bastante alto, pelirrojo y de ojos verdes y muy velludo, su boca estaba enmarcada por una dispareja barba de candado, a pesar de que era fornido se veía que estaba algo pasado de peso.
- ¡Charleen! – llamo alzando la voz, era ligeramente aguda y áspera, como si tuviera algo atorado en la garganta.
- ¡…! – la mesera que estaba de espaldas a nosotros acomodando platos respingo, imagine que ese era su nombre – Ho, ¡Hola Bob! ¿Qué te sirvo? – pregunto Charleen con aparente incomodidad ante el recién llegado.
- Lo de siempre, y dile al papanatas de tu hermano que se apresure cocinando, tengo hambre – demando con sequedad, hablando con voz mucho más alta de lo necesario.
En silencio, Charleen, entro a la cocina sin tomar la orden, por la ventana de servicio pude ver como el cocinero volteo a mirar en dirección a Bob. Luego de unos minutos Charleen salió de la cocina con mi orden;
- Aquí tiene… - Note el esfuerzo de la mesera por no cruzar la vista con el hombre a mi lado - ¿Necesita algo más?
- No.
- ¡Apúrate con mi orden Charleen! – espeto el malhumorado pelirrojo.
- … - Charleen le miro con soslayo y volvió a meterse en la cocina.
- Esa mujer sí que es lenta… - menciono Bob como si alguien hubiese pedido su opinión - ¡Vaya que tienes apetito ¿verdad hombrecito?! – Bob alzo un de sus regordetas manos hacia mí con la intensión de darme una palmada en la espalda, aunque lo hizo rápido con la intención de tomarme por sorpresa, para mi sus movimientos parecían en cámara lenta, antes de que pudiera hacer contacto conmigo batí mi mano derecha contra la suya apartándola de mi persona.
- No me toques… - le advertí sin mirarle siquiera antes de darle un mordisco a mi primera hamburguesa.
- ¿Te crees muy valiente enano? – pregunto sonriendo con prepotencia - ¡Vamos a afuera!
- Cierra la boca… - le advertí por segunda vez.
- ¡Imbécil! ¡¿Crees que voy a dejar que me intimides?! – Bob estiro su mano derecha hacia mi plato tratando de tomar una de mis hamburguesas. Antes de que pudiese alcanzarla lo sujete por la muñeca y apreté con “suavidad” - ¡Ahhh mi mano! ¡eres un animal! ¡La vas a romper!
- Aun no, pero si no haces caso y dejas de fastidiarme insecto, desearas que sea lo único que te rompa – Las miradas de los presentes se habían centrado en nosotros debido a los alaridos de Bob, Charleen y el cocinero salieron de la cocina a causa del escándalo, solté a Bob y dio un par de pasos hacia atrás sujetándose la muñeca lastimada.
- Esa voz… yo sé quién eres – dijo Bob con su rostro retorcido en una mezcla de dolor e ira.
- ¿…? – lo mire completamente extrañado, ¿Cómo era que este mequetrefe me conocía?
- Eres ese cretino que amenazo a todo mundo para le diéramos nuestra energía luego de que Mr. Satán nos revivió.
- ¡Es cierto es la misma voz! – grito alguien al fondo del comedor.
El lugar pronto se llenó de cuchicheos y los ojos de comensales se clavaron en mí.
- ¿Es tu culpa verdad?... si tiene que serlo – susurro Bob frunciendo el ceño.
- ¿De qué demonios hablas?
- ¡Es tu culpa que mi hermano no resucitara! – me reclamo a gritos.
Me tomo unos segundos entender de lo que se me acusaba, de hecho no lo entendía del todo pero por lo que decía probablemente tenía algo que ver con el deseo que le pedí a las esferas del dragón.
- ¡Bob Tranquilízate! – le imploro Charleen.
- ¡No te metas mujer! – la mirada de Bob no se despegó de mí y sentía como si fuera a echárseme encima en cualquier momento – Siempre me pareció extraño, mi hermano y yo estábamos juntos cuando ese monstruo empezó a matar gente, aún recuerdo como mi hermano fue atravesado por una de esas luces rosas que cayeron del cielo, y luego antes de que pudiera socorrerlo lo mismo me paso a mí.
- … - recordé en ese momento que Piccoro me conto como trato de ganar tiempo para que Trunks y Goten perfeccionaran la fusión tentando a Majin Boo con matar a todos los humanos, a lo que el respondió lanzando millones de proyectiles de energía desde el templo de Kami sama, diezmando así a los habitantes de la tierra.
- Pero luego, cuando reviví mi hermano seguía a mi lado, tendido y muerto.
- Bob, se cómo te sientes – intervino el cocinero con una profunda voz – tu hermano era un miserable, pero no merecía morir así.
- ¡Charleen! – llamo Bob a la mesera – tú también lo recuerdas ¿verdad? Es la misma voz que todos escucharon después de que revivimos, seguramente el hizo algo para que no reviviera.
- … - Charleen desvió la mirada sin responder.
- ¡¿Es que no te das cuenta?! ¡Seguramente este tipo tuvo algo que ver! ¡Si lo obligamos seguramente podrá revivir a mi hermano! ¡Tu esposo!
- ¡Ihg! – Charleen ahogo un grito en su garganta, ahora entendía porque este tonto le hablaba con tanta familiaridad y porque ella soportaba su maltrato, pero me sorprendió aún más la expresión de la mesera, su cara paso de mostrar confusión a un miedo casi instintivo - ¡Nooo! –
- ¡…! – No solo yo sino todos se sorprendieron al ver a Charleen caer de rodillas y cubrirse la cabeza con las manos, el cocinero se arrodillo con ella y la sostuvo en sus brazos confortándola.
- ¡Tranquila Charleen! Ya se terminó, el no volverá. – le dijo el cocinero.
- ¡¿Pero que están diciendo?! – reclamo Bob - ¡Aquí está la forma de traerlo de vuelta! – remarco señalándome con un dedo.
- … - mire por un momento a la mujer y me atreví a hacer una deducción – ese hombre… tu esposo… - dije llamando atención de todos hacia mí, Charleen me miro con los ojos llorosos - ¿él era malvado?
- ¡Por supuesto que no! – interrumpió Bob - ¡mi hermano era el mej-!
- ¡El me golpeaba! – interpuso Charleen con firmeza en su voz acallando todas las demás - ¡Todas las noches!, ¡cuando las cosas iban mal!, ¡siempre que se embriagaba contigo Bob y regresaba a casa!, usaba cualquier excusa para usarme como su costal de boxeo, nunca me golpeaba el rostro para que nadie se diera cuenta claro.
- … - la cara de Bob quedo desolada, toda señal de enojo dio paso a la desilusión.
Bob se quedó en silencio por un momento y luego murmuró por lo bajo cosas inteligibles- “no…porque no lo vi… entonces esa vez” luego de unos minutos bajo la mirada juzgante de todos los comensales, Bob se disculpó y se fue sin más que decir. Le tomo un rato recobrar la compostura a Charleen, yo volví a concentrarme en mi comida y los demás presentes en el restaurante continuaron con lo suyo. Sin embargo por dentro mi mente estaba haciendo horas extras tratando de hallarle sentido a la escena de drama que había presenciado. Recordé entonces cuando pedí el deseo – quiero que revivan a toda la gente que murió desde aquel día que se realizó el torneo de las artes marciales… a excepción de los malos – esa última frase, mi intención era evitar que Babidi y sus secuaces reviviesen por accidente, pero nunca repare en pensar en que no solo ellos eran malos; en este mundo existe la maldad, es parte de la naturaleza humana, y hay personas que se entregan a ella, de la misma manera que yo lo hice ese fatídico día, pero alguna fuerza en este universo decidió que al momento de pedir ese deseo, yo no era malvado ya, como dijo Kakarotto, yo ya no era de los malos… corrí con suerte ese día. Termine mi comida y pague la cuenta, al momento de cobrarme, Charleen aun parecía aturdida por lo pasado.
- Su esposo era malo – le dije mientras me levantaba de mi asiento – en aquel momento, pedí que los malos no revivieran.
- ¿Eh?... – me miro confundida por un momento, y luego sus ojos se pusieron vidriosos – entonces, ¡entonces usted si fue!...
- Gracias por la comida – sin dejarla terminar, me di la vuelta y sali del restaurante, me encamine hacia mi auto, pero ella corrió detrás de mí.
- ¡GRACIAS! – le corrían lagrimas por las mejillas, pero sonreía - ¡gracias por liberarme!
- … - sencillamente asentí con la cabeza, y eche a andar el auto para partir.
Nunca he vuelto a ir a ese comedor en todos estos años, supongo que ese fue el cierre de un capitulo en la vida de esa mujer y en la mía, uno que no tiene caso visitar nuevamente.

domingo, 7 de abril de 2019

Las Memorias de Vegeta (Entrada 126)



1 de Diciembre 791 
Pasaron unas semanas después de pequeña charla con la madre de Bulma; aunque no me gusta mucho admitirlo me dio bastante que pensar. Hasta ese día había dado por hecho que mi identidad como el príncipe de los saiyajin estaba bien definida, que mi orgullo y estirpe más que ninguna otra cosa era lo que me hacía ser yo. Mi vida en la tierra, mi familia y las pocas relaciones que había creado en este planeta no eran sino un extra, una capa más que se fue cimentando sobre quién era el verdadero Vegeta.
Ciertamente había cambiado mi personalidad al volverme más tranquilo, tal y como se lo confesé a Kakarotto durante nuestra batalla, disfrutaba mucho de mi vida en la tierra. Pero aun después de eso jamás había puesto en tela de duda mi herencia saiyajin. Tenía mucho en que pensar, así que decidí salir en busca de respuestas.
- ¿Por qué estas empacando Vegeta? – me pregunto Bulma al entrar en nuestra alcoba al ver que estaba sacando ropa del closet y poniéndola en una maleta.
- He decidido que tengo que hacer un viaje – le dije sin mirarle mientras continúe seleccionando ropa.
- ¿Está todo bien? – aun sin verla pude notar un tono de preocupación en su voz – hacia mucho que no salías de viaje.
- ... - La mire y la inquietud en sus ojos era innegable, así que me acerque y la rodee por la cintura con mi brazo izquierdo, y usando mi mano derecha tome su barbilla para besarla, un ligero temblor me hizo saber lo inesperado de mi acto pero de inmediato se relajó se abrazó a mí. Separe mi boca de la de ella y centre mi mirada en sus ojos entre cerrados –...todo está bien, volveré pronto – le dije antes de volver a besarla.
Cambie la posición de mis brazos para levantarla y la lleve a la cama mientras ella se sujetaba de mi cuello, sin dejar de besarnos nos fuimos acomodando sobre el colchón; con cada roce de nuestros labios mi corazón se aceleraba y sentía mi sangre correr hasta acumularse más debajo de mi cintura. Los suaves jadeos que Bulma soltaba entre beso y beso se apoderaban de mi mente, dándole voluntad propia a mis manos que habían empezado a recorrer su cuerpo; los contornos y curvas de su cuerpo me eran ya tan familiares que podía distinguirlos aun a través de su ropa, la fina tela de su vestido rojo solo estimulaba más mi tacto. Sin dejar masajear sus labios con los míos dirigí mi diestra a la pañoleta amarilla que llevaba en el cuello y tirando de ella el nudo se corrió dejando la piel expuesta, solo entonces me aparte de su boca para recorrer con mis dientes el musculo de su cuello. Bulma soltó un gemido incontenible al contacto y con sus manos sujeto la parte de atrás de mi cabeza estrujando mi cabello y acariciando mi espalda. Sabiendo que estaba cediendo a sus deseos recorrí con mi lengua su clavícula a la vez mis manos bajaron por su cintura rodeando sus caderas hasta que mis dedos se encontraron con la bastilla de su falda.
La mire y sonreí maliciosamente, Bulma me mira con una mezcla de expectación e incertidumbre en los ojos mientras descendí por su cuerpo dejando que mi barbilla rosara el espacio entre sus pechos su abdomen y pelvis; mi olfato ya percibía el aroma erótico y podía apreciar como su néctar permeaba a través de la tela - ¡Espera Vege-! – antes de pudiera pronunciar mi nombre mi boca tomo posesión de su monte de venus y un poco más mientras mi lengua presionaba con firmeza en intervalos, siguiendo el ritmo de sus jadeos. A momentos alzaba mi vista para ver su rostro sonrojado e intencionalmente succionaba con mi boca más fuerte solo para ver sus expresiones de placer.
- ¡Ya ah...! – musito entre gemidos - ¡ya no me pongas más ansiosa!
- ¡Ju, ju! – reí con placer y le removí las pantaletas que estaban ya más pesadas de lo normal y le di un lengüetazo más antes de retirar mi rostro de su entre pierna, haciendo que se estremeciera.
- ¡Mmmm! – se mordió el labio y me miro con complicidad - ¡malvado!
- A penas estoy empezando.
Me arrodille en la cama y me despoje de mi camiseta y comencé a desabróchame el cinturón cuando ella se incorporó para acercarse y lo hizo por mí, desabotono mis pantalones y bajo mi bragueta para después introducir mi mano y masajear mi virilidad por encima de mi ropa interior - ¡Uy... hola...! – saludo pícaramente, pero no iba dirigido a mí. Su mano froto mi carne y sus dedos recorrieron hábilmente mis formas sin titubear, su tacto hizo que se me erizara la piel. Tome su rostro entre mis manos y nos besamos nuevamente mientras estábamos de rodillas sobre la cama, dejando que nuestros deseos tomasen las riendas, en segundos ya estábamos desnudos y tendidos. Cuando nuestros cuerpos se entrelazaron en nuestras partes más íntimas el placer nos invadió ambos; en calor de ella era mío, mi rigor se entregaba gustoso a ella y nos mesclamos en una sinfonía de ritmo, sonido y sensaciones. La poseía a mi antojo y ella me dominaba a su gusto, nos rendíamos y esclavizábamos a la voluntad del otro presas de una libido que se había nutrido con años de tiempo juntos, no era solo mi lujuria y deseo lo que expresaba en cada arremetida, sino mi incondicional amor, el cual ella había fomentado desde el día que me vulnere lo suficiente para confesarle mis sentimientos. Llegamos al clímax en una húmeda explosión de placer que descargo una corriente eléctrica en nuestros cuerpos. Permanecimos abrazados unos minutos hasta que nos quedamos cómodos al borde de la somnolencia.
- ¿Vas a irte para entrenar? – pregunto con un susurro.
- No... solo necesito reflexionar sobre algunas cosas... no te preocupes – le bese la frente y la abrace con más firmeza.
Luego de un rato mas no metimos a la ducha juntos y nos restregamos mutuamente, cuando salimos Bulma me comento que quería hacer una fiesta próximamente, al parecer Gohan y Videl querían anunciarnos algo, aunque no había sorpresa alguna en eso, ya llevaban algunos meses saliendo, sin haber formalizado su relación. Le comente a Bulma que volvería en un par de meses, quizás antes.
Una hora más tarde y con mi maleta cargada en la cajuela cargada de mi Súper V1 estaba listo para partir.
- ¿No vas a irte volando papa? – pregunto mi hijo-
- No esta vez...
- Toma esto Vegeta, te prepare algunas capsulas que quizás te sirvan durante tu viaje – dijo mi suegro tendiéndome una caja metálica.
- Gracias, seguro me serán útiles.
- Toma esta tarjeta, con ella podrás recargar combustible en cualquier estación – mi esposa me entrego una tarjeta con el logo de la corporación capsula en ella.
- Así lo hare.
- Cuídate mucho Vegeta – me advirtió mi suegra con pequeñas lagrimillas colgando de sus ojos.
- ¡Papa! – Grito Trunks arrojándose a mí - ¡Vuelve pronto!
- ... - antes de que pudiera responderle mi familia entera me envolvió en un abrazo, no era la primera vez que me iba de viaje, pero había pasado mucho tiempo, años desde la última vez, y tomando en cuenta que no hacía mucho había muerto, la idea de separarnos tenia más peso que antes – Volveré pronto, lo prometo.
Subí a mi auto y partí en búsqueda de algo que aún no conocía, a mí mismo.
Creo que iré a comprar algo de comer antes de seguir escribiendo, no tengo ganas de cocinar, como Bulma y Bra andan de compras y Trunks salió por invitación de Goten para presentarle a una amiga, creo que pasare la tarde a solas.