domingo, 23 de junio de 2013

Las Memorias de Vegeta (Entrada 75)



7 de agosto 791

Seguí a Konkichi al fondo de la construcción donde había varios montones de escombro apilados alrededor.

-        Muy bien Greñas. Lo primero que harás será acarrear el escombro de aquí a la trituradora que está afuera del edificio – digo señalando en dirección al patio de materiales, recordé haber visto una máquina de gran tamaño y muy escandalosa.
-        ¿Y acaso no sería más fácil que trajera la maquina aquí?
-        Jajaja que cosas dices, esa máquina pesa 2 toneladas se necesita un remolque para traerla, aun así es demasiado pesada y podría dañar la estructura.
-        … si, entiendo – lo que decía tenía bastante lógica.
-        Entonces, toma una carretilla de allí y comienza, deberá tomarte unas 3 horas si te das prisa.

Mire las carretillas que me indico, eran diminutas, seguramente no podría cargar más de 100 kilos en ellas.

-        ¿No hay más grandes? – pregunte.
-        Por supuesto que no, además nadie podría acarrear más peso del que estas soportan.
-       
-        Cuando la alarma suene será hora del descanso, búscame para comer juntos y te explicare más del trabajo.
-        … - asentí no muy entusiasmado.


Konkichi se encamino hacia el ascensor y bajo nuevamente dejándome solo. Sabía que tenía que hacer el trabajo, pero eso no significaba que utilizara los arcaicos métodos de los terrícolas. Mire por un momento el primer monto de rocas y alambre frente a mí, debía pesar entre 250 y 300 kilogramos, eso significaba que me tomaría 2 viajes acarrearlo todo en la carretilla. Bien podía cargarlo con mis manos, pero el problema era que no era una masa sólida, sino algo formado por varios trozos, por lo que no podía cargarlo de esa manera… “a menos que” me dije a mi mismo.

En un instante de genialidad llego a mi mente una idea que me ahorraría mucho tiempo. No podía simplemente desintegrar los escombros ahí donde estaban, ya que me arriesgaría a derribar el edificio, pero lo que di podía hacer era reunirlo todo en un campo de energía solidificado, una barrera que me permitiera mover toda la masa de rocas y basura junta de una sola vez.

Me juste los guantes de trabajo y puse manos a la obra, apunte con mis manos al montón de piedras y extendí los dedos. Un tenue resplandor dorado en forma de esfera envolvió los escombros y luego comenzó a flotar a mi voluntad, ahora que lo tenia bajo control podía moverlo sin problema, así que sencillamente lo hice flotar en dirección a la máquina trituradora. Ante las atónitas miradas de los obreros en el patio de materiales, el escombro floto sobre ellos cono si fuera levantado por una mano invisible. Las exclamaciones de asombro no cesaron mientras uno a uno los escombros apilados fueron bajando; toda actividad en la construcción se paró durante aproximadamente 10 minutos hasta que termine con todos os escombros. Entonces el ruido del ascensor anuncio que alguien subía, eran Konkichi y el jefe; el rostro del anciano se mostraba impasible y áspero como cuando le vi en su oficina.

-        ¡¿En qué demonios estabas pensando cabeza hueca?!
-        ¡¿Uhm?! – definitivamente no era la reacción que esperaba.
-        ¡Konkichi! ¿A caso no le explicaste como acarrear el escombro? – reclamo al asustado hombre zorro.
-        Cla, claro que si jefe.
-        Y tu… - dijo volviendo su atención a mi persona y apuntándome con su grueso y arrugado dedo índice – No sé cómo hiciste para lanzar esos escombros desde aquí, pero no me importa. ¿tienes idea de lo que hubiera pasado si le hubiera caído algo encima alguien?
-       
-        ¡Bah! Eres más tonto de lo que pareces… - este anciano se estaba cavando una tumba muy profunda, pero hice un esfuerzo por evitar reventarlo a golpes - ¡Konkichi! Llévatelo contigo y mantenlo vigilado.
-        ¡Si jefe! Vamos greñas.

Konkichi me hizo señas para seguirle y sin más me limite a hacerlo. De empezar a discutir con el viejo probablemente hubiera terminado con el embarrado en el piso después de darle una paliza.

-        Inclreible, parece ser que ya te ganaste al jefe – Exclamo el zorro una vez que bajamos.
-        ¿De que diablos estás hablando?
-        Normalmente el jefe no se molesta en regañar a los nuevos personalmente, quiere decir que le caes bien. Solo, avísame cuando vayas a hacer algo asi, nos diste un buen susto.
-        … Si, entiendo – por supuesto que no entendía, era completamente irracional el comportamiento de esa gente.
-        Bueno, acompáñame, vamos enseñarte a poner tabla roca, el primer piso del edificio ya está listo para emparedar.

Bajamos al primer piso, en un principio no me había fijado, pero este se veía más completo que el tercer piso en el que había estado hasta hace un momento. El piso estaba formado por planchas de concreto y se erguían estructuras de metal y madera como el esqueleto de lo que imagine serían las paredes.

Comenzamos a instalar las hojas de tabla roca en las estructuras para las paredes, la operación no era en si difícil, pero sí bastante tediosa, ya que había que hacer ajustes en las hojas para instalar contactos y tuberías, además de cortarlas en formas específicas para diversas estructuras. Al principio me limite a cargar las hojas y sostenerlas mientras Konkichi las fijaba a la madera con tornillos, fue bastante aburrido, pero una vez que aprendí el proceso puede hacerlo por mi cuenta mientras el preparaba las demás hojas, lo que acelero considerablemente nuestro ritmo de trabajo. Un par de horas después aproximadamente, sonó una estridente alarma.

-        ¿Qué diablos es ese escándalo? – el ruido sobrepasaba al ajetreo de la construcción fácilmente, mis tímpanos se quejaban como Bulma cada vez que olvido bajar el asiento del inodoro.
-        Es la hora de la comida – dijo sonriente Konkichi - ¿Comemos juntos entonces?
-        Si no queda de otra – respondí sin mucho entusiasmo, pero ciertamente ya estaba haciendo hambre.
-        Bien vamos, el comedor se llena pronto, si no nos apresuramos tendremos que comer en el piso.

Bajamos hasta la planta baja y cruzamos el patio de materiales, mas allá de la oficina del jefe había otra estructura portátil de mayor tamaño. Al entrar el aroma de la comida y el edor de varios trabajadores asedio mi nariz tan repentinamente que me pare en seco, no me molestan mucho los malos olores, pero no me gusta que se mezclen con la comida.

Konkichi dejo su casco en una mesa y yo deje mis guantes como si la reserváramos para nosotros y fuimos directo a la barra de alimentos. Por suerte no había límite en lo que podía servirme, las raciones de estos terrícolas no sirven ni como aperitivo. Volvimos a la mesa y había un par de idiotas sentados en nuestro lugar; uno era fornido y moreno y me miraba con una sonrisa presuntuosa, el otro era delgado y con cara de imbécil.

-        Eeh… disculpen, están en nuestra mesa – advirtió Konkichi.
-        ¿A si? Pues que lastima idiota – respondió el grandulón con voz grave y entonación particularmente desagradable. Por un momento recordé al inútil de Recoom.
-        Pero… - prosiguió mi compañero.
-        ¡Que te largues mentecato! – ordeno el fortachón arrojándole mis guantes a la cara a Konkichi.

Por el susto, un poco del jugo de naranja que llevaba en su charola se derramo y mis polvorientos guantes cayeron sobre su comida. Con calma, puse mi charola puse mi charola sobre la mesa y mire al insecto impertinente.

-        ¿Qué crees que estás haciendo enano? – pregunto aquel troglodita.
-        Parece que no escuchaste bien sabandija… ¿acaso tu madre no te lavo las orejas esta mañana?
-        ¡¿Qué fue lo que dijiste?! – exasperado, azoto la mesa con las palmas de las manos y se puso de pie, debía medir casi 2 metros, era tremendamente musculoso.
-        Nada que un gusano como tu pueda entender por lo visto, ahora, desaparezcan de mi vista antes de que les haga daño.

Tome el casco de Konkichi en mi mano y lo apretuje entre mis dedos, doblándolo como si estuviera hecho de papel. Ante la mirada atónita de más de uno de los presentes, el casco de acero se hizo una bola de metal retorcido; los ojos desorbitados del grandulón y su compañero fueron prueba del efecto de mi demostración. Y en seguida se apartaron la mesa, me senté e invite a Konkichi a hacer lo propio con un gesto de la mano. Anonadado el delgado zorro verde se sentó sonriendo.

Defender tu lugar en un comedor era algo muy cotidiano en las bases de las colonias espaciales de Freezer, Nosotros los saiyajin éramos temidos pero de vez en cuando aparecía algún idiota creyéndose capaz de sobajarnos, y un 100% de las veces el idiota acababa muerto.

-        ¡Eso fue increíble! – exclamo Konkichi – y no te preocupes por mi casco, tengo uno de repuesto.
-        … Cállate y come – le dije antes de darle una cucharada a mi plato de curry de res con arroz.

Se suponía que el trabajo seria de medio tiempo, pero Konkichi le pidió al jefe que me permitiera trabajar el turno completo con la excusa de enseñarme más. Al final de la jornada me sentía extrañamente cansado, no como al terminar mis entrenamientos, era una sensación nueva, ya que nunca había usado mis manos para construir algo. La sensación era gratificante.

Al salir de la construcción el jefe me entrego un sobre con mi paga y me invito a seguir trabajando siempre y cuando lo quisiera. Kokichi se despidió muy entusiasmado de mí y me prometió enseñarme más sobre la construcción.

Ya hace varios años que el jefe murió, volví algunas veces a trabajar en la constructora, mas por el gusto de hacerlo que por el dinero. Actualmente Konkichi es el capataz general de la mayoría de los proyectos de la corporación capsula, así que me lo topo siempre que acompaño a Bulma a las cenas de la compañía. Bien creo que iré a dormir un poco para refrescar mi memoria, no recuerdo bien que fue lo que paso en mi segundo empleo temporal.

5 comentarios:

Scabbers dijo...

Muy bien! Es hora de ir a ver una anillo, Mr Vegeta!!!!!

Vegeta dijo...

Hola insectos!! Si les gustan los fanfics visiten esta página, actualmente está siendo publicado un fic de mi historia, después vendrán de más personajes.

Ayúdenme con un like!!

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Danielitha Laguna Flores dijo...

wow me encanta vegeta :D y es genial este blog :3

Vitrioluz, El Fecundo en Ardides dijo...

Porqué Vegeta con un día de trabajo puede comprar un anillo?? ¬¬

A mi me costaría un año jajajaja es el príncipe, que le vamos a hacer.

Queremos mole con pollo, esa boda está como final de telenovela!!

Danielitha Laguna Flores dijo...

me encanttaa