jueves, 4 de julio de 2013

Las Memorias de Vegeta (Entrada 78)



8 de Agosto 10:01am

Al día siguiente me preparaba para ir a mi tercer y último trabajo. Según la hoja que indicaba la dirección, esta vez tendría que ir fuera de la ciudad, por lo que me levante más temprano de lo habitual. Baje a desayunar con precaución en caso de volver a toparme a Bulma, pero para mí desilusión no estaba ahí, tampoco su portafolios el cual solía dejar a un lado de su escritorio en la sala, así que lo más probable es que ya se hubiera ido a trabajar. Ya habían pasado 4 días desde la dichosa cena y a duras penas habíamos intercambiado unas cuantas palabras, esto empezaba a causar una molestia en mi muy singular, parecida a cuando afloraron por primera vez mis sentimientos por ella.

Desayune con un poco menos de ánimo después de tener esos pensamientos y emprendí el vuelo hacia el nuevo lugar de trabajo.
 En una hora ya estaba sobre volando el lugar, así que descendí un kilómetro lejos para no atraer demasiado la atención, lo último que quería era pasar el día interrogado por los que me vieran volando. Aterrice en medio de un claro en el bosque y me encamine hacia la vereda que llevaba al lugar de la cita. Fue una fortuna haber vestido pantalones de mezclilla y botas ese día, ya que el camino de terracería hubiera sido una molestia calzando zapatos.  A la entrada se encontraba un arco construido con troncos y tablones, el ruido metálico de las herramientas y el aroma a marera llenaban el ambiente.


Busque con la mirada algún lugar que pareciera una oficina o algo parecido. Un letrero que decía “dirección” llamo mi atención y me dirigí hacia ahí. Mientras caminaba algunos de los trabajadores me miraron con extrañeza. Viéndolos con sus atuendos y equipo, además de las labores que realizaban deduje que esto era un aserradero – al menos esto parece ser más interesante que el anterior – pensé.

Abrí la puerta y un estruendoso timbre anuncio mi presencia, al momento un joven con pantalones de mezclilla azules y camisa a cuadros me saludo alzando una mano sin despegar la vista de la pantalla de su computadora portátil.

-        En que puedo ayudarle – dijo en tono monótono echándome una breve mirada.
-        Vengo por un trabajo – dije tendiéndole la carta del padre de Bulma.
-        ¿Mmmm? … - tomo la carta y la leyó con rapidez notoria por el movimiento frenético de sus ojos – aja… ok… Eemh... ven conmigo.

Se levantó y camino a la puerta, tomo un sombrero de ala mediana del perchero junto a esta y salió de la oficina. Le seguí ligeramente confundido, caminaba a rápidas zancadas como si trajera prisa, pero se detenía de vez en cuando para hablar con algún trabajador y darle instrucciones, imagine que sería el encargado de operaciones, su apariencia era joven, no más de 28 o 30 años, complexión delgada, cabello castaño oscuro y piel bronceada; las mangas largas de su camisa a cuadros estaban arremangadas hasta los codos, dejando ver unos antebrazos no muy desarrollados pero si bien definidos. Caminamos unos minutos hasta que el terreno comenzó a volverte cuesta arriba momentos más tarde nos habíamos adentrado en un bosque de altos árboles, que cubrían de sombra el suelo bajo el sol matutino; podía escuchar los distantes rugidos de herramientas motorizadas y el sonido seco de algo pesado golpeando contra la madera.

-        Aquí en el aserradero cortamos los árboles y los procesamos antes de mandarlos a nuestros compradores – dijo después de un trato de estar completamente callado, pero sin aminorar el paso o mirarme – te voy a poner a las órdenes del Sr. Gerard, es el encargado de tala y guías forestales, solo haz lo que él te diga y todo saldrá bien.
-        ¿Qué se supone que haga? – pregunte.
-        No sé, lo que sea que a Gerard se le ocurra.

Qué diablos tenía esa sabandija en la cabeza, que no era EL el encargado, hasta donde entendía su trabajo era saber que estaban haciendo los demás. Llegamos y gritando órdenes a varios obreros con motosierras y hachas se encontraba un hombre de edad avanzada vestido en overall azul y camisa amarilla, llevaba en la cabeza y sombrero vaquero de paja y guantes de trabajo. Su cara blanca estaba enrojecida como un rábano, pero no sabría decir si por el calor o el énfasis que ponía en sus gritos.

-        ¡Sr. Gerard! – grito el joven para llamar su atención – este es…
-        Vegeta – termine su presentación al ver que no sabía mi nombre aquel extraño individuo.
-        Póngalo a trabajar, solo estará con nosotros hoy asi que dele algo en que ocuparse.
-        Entendido.
-        Muy bien, al final del día pasa a la oficina por tu sueldo – me dijo sin más antes de volver por donde habíamos venido.
-        Ok, quítate la camisa, vamos a ver de que estas hecho – ordeno el viejo.
-        ¿Qué?
-        Que te quites la camisa, quiero ver qué tipo de cuerpo tienes, eres muy chaparro pero no significa que tengas que ser débil.
-        … - ¿Había oído bien? ¿chaparro? Este insecto estaba buscándose una paliza sin saberlo.
-        ¡Oh! Muy impresionante – dijo al despojarme de mi camisa – habías trabajado antes en un aserradero.
-        No.
-        ¿Sabes usar un hacha?
-        No.
-        ¿Una Motosierra?
-        No.
-        ¿Sabes decir otra cosa además de no?
-       
-        Bien… ponte unos guantes y vamos a enseñarte lo básico.

Una vez que me equipe le seguí a través de la arboleda hasta un camión, de cuya caja saco un hacha y me la paso.

-        No podemos talar cualquier árbol – comenzó a explicar – debe ser de buen tamaño, tener buena salud y estar n zona autorizada para talarlo – iba pasando la mano por varios árboles y los observaba mientras avanzábamos – pero no te preocupes por los detalles, yo marcare con una cruz los árboles en los que trabajaras.

Acto seguido saco de su bolsillo una tiza y marco una enorme “X” sobre la corteza de un árbol. Tomo el hacha de mis manos y se colocó en posición para cortarlo. Mientras lo hacía me explico la técnica apropiada para talar y las precauciones que debía tomar, así como los procedimientos para después de talarlo. Tras unos minutos Gerard se apartó y el árbol comenzó a crujir mientras se inclinaba por su propio peso para terminar cayendo estrepitosamente. Fue de una manera extraña muy interesante.

Bueno, será mejor que lave los platos del desayuno, lo malo de cuando Bulma y los muchachos salen es que no hay nadie

1 comentario:

Danielitha Laguna Flores dijo...

hola jejje :) solo kier decir ke este blog esa super wow, ke tu trabajo es impresionante y tienes una creatividad incleible.